Caracteres distintivos.
a) De los tres grupos en que pueden clasificarse los verbos españoles según la conjugación a que pertenecen, el primero es con mucha diferencia el más numeroso. Es también el más estable y productivo. Todos los verbos en -ar heredados proceden de la conjugación latina en -ãre. Todos los verbos creados en español por derivación directa se acomodan a la 1.a conjugación. La derivación con sufijos verbales da también formaciones en -ar: -ear, -ficar, -izar, -ntar, y casi todos los compuestos nuevos siguen también la 1.a conjugación. Fuera de estos casos, únicamente los verbos incoativos en -sc**ere de la 3.a conjugación latina, extinguida en romance, sirvieron de modelo para la formación de incoativos españoles en -cer, formación que tuvo mucha vitalidad desde los orígenes del idioma y aún la conserva en parte. Estos verbos en -cer, a diferencia de los formados mediante los sufijos derivativos de la 1.a conjugación, son todos irregulares (apart. [J] del § 2.12.4, 2.o).
b) De la estabilidad de la 1.a conjugación no han participado la 2.a y la 3.a. Causa probable de ello fue la extinción en romance del paradigma latino-**ere, cuyos verbos se acomodaron a la conjugación -er o -ir española, en muchos casos sin razones claras a favor de la una o de la otra. De los dos verbos latino, de idéntica estructura en la parte final de la raíz: tang**ere y plang**ere, el primero hizo tañer y el segundo plañir. Verbos de una misma raíz, unos fueron a -er y otros a -ir, como correr y ocurrir. En español antiguo es frecuente la vacilación entre -er y -ir, de lo que todavía quedan algunas muestras en la conjugación irregular. La casi total igualación entre los paradigmas de la 2.a y la 3.a conjugación española (v. §§ 2.11.3 y 2.11.4) facilitó probablemente el trasiego. Varios verbos en -ir son defectivos (v. § 2.12.13) y algunos entraron en competencia con formaciones incoativas, que los desplazaron pronto: bastir, bastecer; enflaquir, enflaquecer; escarnir, escarnecer; gradir, gradecer. En la conjugación regular solo un verbo, de introducción reciente (1775-81, en Benito Bails, Elementos de Matemáticas), vacila entre -er y -ir, o dicho más bien, es de doble conjugación: converger, convergir. No ocurre lo mismo con el verbo divergir, de la misma raíz que el anterior y de introducción también reciente, aunque no ha dejado de incluirse la variante diverger en algunos diccionarios, como en el de Argentinismos de Lisandro Segovia, 1911. En contraste con divergir es la forma emerger la que se mantiene hasta hoy, a pesar de que algunos diccionarios recogen también la variante emergir.
c) Tratamos a continuación de caracterizar fonológicamente los verbos regulares de las tres conjugaciones atendiendo al vocalismo de su raíz (penúltima sílaba del infinitivo).
1.o Son regulares todos los verbos de la 1.a conjugación que tienen a, i o u en la raíz, excepto andar, su compuesto desandar y jugar.
2.o Son regulares todos los verbos de la 1.a conjugación que tienen diptongo en la penúltima sílaba del infinitivo. Todos los diptongos propios pueden figurar en esta posición: envainar, peinar, cohibir, defraudar, adeudar; apiadar, inquietar, gestionar, aguantar, frecuentar; arruinar, enviudar. A veces también diptongos impropios: ahorrar, ahogar, empeorar. Son escasos los que deshacen el diptongo en las formas fuertes: co-híbo, a veces arru-ino. El diptongo impropio se deshace siempre en esas formas: a-horro, a-hogo, empe-oro.
3.o Son regulares todos los verbos de la 1.a conjugación cuyo infinitivo termina en -aar, -ear, -iar, -oar, -uar. Este carácter no va nunca unido al del punto anterior, excepto en desahuciar y en algún otro verbo de uso muy raro, como acuantiar.
4.o Ningún verbo, regular ni irregular, presenta vocalismo i-er ni u-er en la 2.a conjugación.
5.o Los escasos verbos de la 3.a conjugación que presentan diptongo en la penúltima sílaba del infinitivo, son todos regulares: aplaudir, disuadir, persuadir, reunir y algún otro.